Admitámoslo: nadie se levanta un domingo pensando: «¡Qué ganas tengo de mirar mis canalones!». Normalmente nos acordamos de ellos cuando empieza a llover, la fachada parece una catarata de parque acuático.
Si estás dudando entre instalar canalones de PVC o dar el salto al aluminio continuo, estás en el lugar correcto. Vamos a destripar ambos materiales técnicamente (y sin rodeos) para que veas por qué el plástico es cosa del pasado.
El PVC (policluro de vinilo) es un viejo conocido en la construcción pero tiene un talón de Aquiles del tamaño de la Península Ibérica: los cambios de temperatura y la radiación ultravioleta.
Bajo el sol extremo del sureste Murciano y Alicantino, el plástico pierde los plastificantes que le dan flexibilidad. ¿El resultado? Se vuelve rígido, quebradizo y sufre el «efecto galleta»: al mínimo golpe o granizada, se cuartea y se rompe. Técnicamente, el PVC carece de la estabilidad dimensional necesaria para soportar décadas de exposición térmica severa sin degradarse estructuralmente.
El aluminio, en cambio, se ríe del sol. No se cuartea, no se deforma con el calor extremo y aguanta los impactos sin pestañear.
¿Cómo se instala el PVC? En tramos de unos pocos metros unidos por piezas de empalme, pegamento o gomas. Cada una de esas uniones es una bomba de relojería. Con la dilatación de los materiales, las juntas terminan cediendo y abriéndose.
Nuestra filosofía con el aluminio continuo es radicalmente distinta:
Cero juntas = Cero goteras.
El canalón se fabrica en una sola pieza continua a lo largo de toda la fachada. Sin empalmes intermedios, el agua solo tiene un camino: llegar a la bajante.
Esto es lo que más sorprende a nuestros clientes. No vamos con piezas prefabricadas a ver si encajan a la fuerza en tu tejado.
Aparcamos en la puerta de tu casa con nuestra máquina perfiladora móvil y moldeamos y cortamos el aluminio a la medida exacta de tu alero en el acto. Es un proceso limpio, rápido y con la precisión de un sastre, pero en versión industrial. Tu canalón nace en tu propia puerta.
El PVC suele darte a elegir entre gris, blanco y, si te pones exótico, marrón. El aluminio continuo abre un abanico para los amantes del diseño y la arquitectura:
Si nos ponemos serios, la instalación de sistemas de evacuación de aguas no es un juego de bricolaje; está regulada. El Código Técnico de la Edificación (CTE), en su Documento Básico de Salubridad (DB-HS 5: Evacuación de aguas), estipula las exigencias de dimensionado de canalones y bajantes según la intensidad pluviométrica de cada zona.
El aluminio continuo permite cumplir holgadamente con estas exigencias gracias a su rigidez estructural, que evita el «pandeo» (esas curvas tan feas que le salen al PVC cuando se calienta y que retienen el agua estancada, creando criaderos de mosquitos y sobrepeso en los anclajes).
En este oficio la teoría está muy bien, pero la realidad se demuestra a pie de obra. Llevamos 32 años instalando sistemas de evacuación de aguas.
Un dato real: El primer canalón de aluminio continuo que instalamos hace más de tres décadas sigue ahí arriba, imperturbable, cumpliendo su función como el primer día. Ha soportado DANAs, olas de calor históricas y ahí sigue, como nuevo. ¿Cuántos canalones de plástico conoces que hayan durado más de una década sin acabar amarillos, rajados o pegados con silicona de emergencia? Exacto: ninguno.
Para que no te quede ninguna duda, aquí tienes la radiografía visual de ambos sistemas:
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